9/11-11/9

Exposición Colectiva
Curaduría: Daniel Soto Morúa
Inauguración 11 de marzo, 7 p.m.
Del 10 de mayo del 2017 al 22 de julio del 2017.
Sala 1
9/11-11/9

El Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) realizó un ejercicio para analizar qué sucede en las generaciones jóvenes de artistas. Se acercó a ellos y les preguntó sobre sus intereses y preocupaciones, además cómo a través de su obra responden ante los cambios de la sociedad

El ensayo se focalizó en costarricenses y residentes en el país que iniciaron su producción hace pocos años, o que están por graduarse de sus estudios formales. Un aspecto determinante fue que sus propuestas que se consideraron coherentes y fundamentadas, no solamente ejercicios de búsqueda experimental.

El gesto inició como una revisión de dossier y entrevistas, pero desembocó en una exposición no comisariada; esto significa que las obras no fueron seleccionadas por parte de la curaduría, sino propuestas por los artistas y desarrolladas en conjunto, bajo un modelo de formación e investigación uno a uno. A posteriori se generó el discurso curatorial.

Hoy se muestra en la Sala 1 -la más grande del Museo- como un guiño provocador de esta generación. Es también un impulso -desde la legitimación- para que continúen y consoliden desde una perspectiva más crítica y analítica sus procesos de investigación y producción.

La muestra se articula en cuatro ejes temáticos, los cuales son reflejo de una sociedad inmersa en el siglo XXI, marcada por una sucesión de acontecimientos trágicos y violentos, pero que también brilla por las luchas sociales, los avances tecnológicos y las movilizaciones de paz e igualdad.

Many young voices

Es posible estudiar un contexto histórico a través de la lectura e interpretación de las obras de arte de sus contemporáneos. A la inversa, también resulta factible comprender dichas obras mediante el análisis del contexto. El ejercicio se puede hacer en ambos sentidos y obtener similares resultados.

Las generaciones humanas, desde las ciencias sociales, se dividen en periodos de aproximadamente 20 años y se estudian por el rango de edad, por características generales y por ideales colectivos. A los nacidos entre 1980 y 2000 se les ha señalado duramente -por lo menos desde el prejuicio- como una generación perdida, desentendida y aferrada solamente a lo superficial.

Los hijos de los Baby Boomers son conocidos por tener menos de 35 años, ser egocéntricos, dispersos, excéntricos, perezosos, tecnológicos, impacientes y que se adjudican derechos. Crecieron bajo el paraguas de la prosperidad económica, las comunicaciones e Internet, también bombardeados con multiplicidad de contenidos. El acceso que poseen al conocimiento es abundante, están acostumbrados a absorber información, pero no necesariamente a filtrarla.

Es quizá la generación más preparada en estudios académicos de toda la historia de la humanidad, pero la dificultad, falta de interés o de estímulos por encontrar un trabajo estable, los ha marcado mundialmente; prefieren migrar que adaptarse a los entornos. Se han relacionado tanto con la tecnología que han ignorado relacionarse con los demás.

Grandes tragedias, grandes oportunidades

El término Millenial se desprende del hecho de que es la generación que cumplió la mayoría de edad con la entrada del nuevo milenio, uno de los acontecimientos que generó más incertidumbre en nuestro tiempo. Aunque inicia en los años 80, el grupo más característico se enfoca en quienes nacieron en el despertar de los 90’s, por lo que, quizá su recuerdo más trágico relacionado con el acontecer mundial es el ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York y más recientemente, los asesinatos de Saddam Hussein, Osama Bin Laden y Muamar el Gadafi.

Quince años después, les atormenta casi de igual manera la presidencia de Donald Trump. La relación de fechas resulta casualmente impresionante.

Pareciera que, desde nuestra visión de Occidente, la historia contemporánea es una sucesión de acontecimientos trágicos e impactantes, pero para los costarricenses la guerra sigue siendo un estadio de ficción, la economía una incertidumbre y la religión un problema no resuelto.

Lasnuevas generaciones se enfrentan ante un mundo frío y despiadado, en donde la guerra empieza en el individualismo y la indiferencia se expande hasta el último confín de los continentes. Los “niños del milenio” -como se les conocía cuando apenas daban sus primeros pasos- consideran que vivimos mediados por los conflictos bélicos, el crimen organizado, el poder hegemónico y el exceso de tecnología.

Sin embargo, creen que la igualdad social, la conectividad bien empleada y la comunicación mediática transparente, pueden ser la clave para el devenir de la humanidad.

Hitos de una generación divergente

Es recurrente que se critique siempre a la generación más joven, ocurrió en su momento con la generación X, con los Baby Boomers, con la Generación Silenciosa y ahora con quienes apenas cursan sus estudios primarios… cada una es “la más problemática”. Las características que presentan cada una de estas se repiten en las siguientes, lo que varía es el contexto. Debido a ello, la cultura, la tecnología y el pensamiento social, afectan puntualmente en cada generación; marcan un hito que es relevante y que, como generación, puede que los identifique.

La conectividad y el acceso a la información son, quizá, ese eslabón que une a estos jóvenes y mediante la cual han sobresalido por el bajo miedo al riesgo. El contexto es relevante; en el pasado, la juventud y la corta experiencia eran obstáculo para la inserción laboral y el éxito profesional; el crecimiento estaba ligado a la disponibilidad y aumento de recursos, conocimiento e inversión económica. El fácil dominio que poseen por las tecnologías les ha permitido marcar una pauta respecto a sus predecesores.

Bajo este concepto de adultez emergente (transición lenta e intermitente hacia la etapa adulta), se puede establecer un vínculo entre los millennials y la necesidad de sentirse libres, ser escuchados y tener opinión propia. Sin embargo, la socióloga estadounidense Kathleen Shaputis los describió como la generación Peter Pan; unos se convierten en emprendedores, otros no se cansan de estudiar, otros trabajan arduamente y algunos ni estudian ni trabajan (los Ninis). En todo caso, presentan una tendencia a demorar algunos “ritos de paso” hacia la edad adulta, como casarse y tener hijos, finalizar los estudios y vivir con sus padres. Resulta contradictorio el interés que poseen por la autonomía y la independencia, viviendo bajo el auspicio paternal, por lo que se considera un efecto “búmeran” entre el ir y el venir de la libertad.

Algunos de los indicadores de dicha transición son aceptar la responsabilidad de sí mismos, tomar decisiones independientes y alcanzar la independencia financiera (Arnett, 2008, p. 17). Estos se relacionan estrechamente con el individualismo, por lo que el sentido de colectividad lo interiorizan al pasar a la etapa adulta.

Identidades de una nación

Una de las particularidades de nuestro país es la diversidad cultural que nos “enorgullece”, la múltiple influencia que recibimos del norte y del sur de América y el anhelo con el cual hemos crecido por el Viejo y el Lejano mundo. Eso se ha traducido en un país que no ostenta una identidad, sino una multiplicidad de ellas. Tal vez las muchas facetas que poseemos no se pueden anudar en un solo nacionalismo.

Los cuatro ejes temáticos que se presentan en esta exposición colectiva evidencian el pensamiento crítico de una generación joven y cómo desde el quehacer artístico es posible entender a nuestra sociedad. Es evidente, como lo ha dicho la Historia, que el contexto es vinculante en la producción de obras de arte en el tiempo.

A mano armada

La política (y la politiquería), la comunicación mediática y las relaciones de poder son prácticas que frenan a la región centroamericana para surgir de la pobreza. A pesar de la ausencia de ejército y conflictos militares, la manipulación de los discursos oficiales y hegemónicos influyen directamente en nuestro desarrollo como nación. Sumado a esto, nuestra geografía es puente para que el crimen organizado y el tráfico ilícito se comercialice entre el norte y el sur del continente.

Materialidad y representación

Más que conceptos o el interés por la representación, las posibilidades y la experimentación técnica ocupan el oficio de algunos artistas. Se alejan de la creación de contenidos y se enfocan en lo matérico, en las propiedades físicas de la imagen y en el estudio detallado de las metodologías. Más que el resultado per se, el proceso y el lenguaje son los principales protagonistas.

Paraíso tropical

La relación que tenemos los costarricenses con la naturaleza es uno a uno. Vivimos inmersos en una selva y procuramos que, a pesar de los avances tecnológicos y el crecimiento urbano, esa particularidad se mantenga. Poseemos el 5% de la biodiversidad mundial, por lo que el paisaje lo concebimos en una multi tonalidad de verdes y azules. La preocupación y el asombro que han tenido los artistas por representar y conceptualizar el paisaje hilvana la historia del arte costarricense.

Una Costa Rica linda

Las luchas sociales por la igualdad y el progreso han ido de la mano en la historia del país. Las garantías sociales fueron adquiridas gracias a las disputas de panaderos y zapateros, con el fin de tener mejores condiciones laborales. Hoy, los problemas que afectan a los ciudadanos se relacionan con las reformas de comprender la justicia y los derechos universales. Si queremos vivir en un estadio de “felicidad y paz” como sugiere el estereotipo que nos hemos ganado, debemos comprender la diversidad desde la inclusión, la aceptación y el respeto.

Daniel Soto Morúa. Curador.